Abril, 2026, Chicago.
Aquí hay un cuerpo que escribe, y para mí la identidad siempre aparece matizada por elementos vinculados a la Fe. La semana pasada vi la película “The Ox-Bow Incident” de 1943 y en una de las escenas finales aparece la figura de un mexicano que antes de ser ahorcado junto con otros dos de sus compañeros a causa de un supuesto homicidio, reza el padrenuestro en español. Para la época esto fue un hito cinematográfico, pero para el imaginario religioso mexicano es lo más normal del mundo, ya que la Fe, expresada en este caso bajo un código religioso específico, forma parte de su vida cultural y el director de la película sabía esto perfectamente.
En las taquerías mexicanas de Chicago es muy común observar litografías de Juan Pablo II y es que dentro del imaginario religioso mexicano la figura del Papa aparece no como un representante de estado sino como una figura profundamente afectiva. La figura del Papa sigue resonando profundamente en los enclaves étnicos mexicanos y ahora con el Papa Leo XIV que es originario de Chicago, habla en español y además es nacionalizado peruano, esta relación afectiva es aún mas notable.
Desde el inicio de su mandato el Papa Leo XIV ha manifestado su apoyo a la comunidad migrante y ahora se ha convertido en el único líder mundial que ha puesto cara al presidente Trump. Estamos siendo testigos de la lucha más antigua que se ha dado y se dará sobre la tierra: el bien contra el mal, Dios contra el diablo; con tintes casi míticos la guerra simbólica entre Leo XIV vs Donald Trump ha iniciado. En este sentido, el imaginario religioso migrante adquiere una fuerza que no se instaura en el marco de la ley del estado, sino que se posiciona en el marco de la ley divina y que siempre ha de estar de su lado, “solo tengo la licencia de Dios”, es el rezo migrante cuando le preguntan por licencia para trabajar en Estados Unidos.
El migrante mexicano está atravesado por la Fe y no es novedad que toda la narrativa migrante en el ámbito del espectáculo se identifique siempre con lo cultural mexicano, incluso si se habla de la comunidad migrante colombiana, venezolana, hondureña o guatemalteca, en la opinión pública estadounidense todos aparecen como mexicanos, en este sentido, no es casualidad de Karol G haya llevado mariachis a su presentación en el festival Coachella. El mariachi, al presentarse en un evento de orden y de fama nacional se convierte en un símbolo cultural que unifica el sentir panétnico migrante en el país. Aquí, la Fe que unifica, se vive bajo el orden de un símbolo cultural.
Hace ya algunos años la escritora mexicana radicada en Houston Cristina Rivera Garza declaró para el periodico El País que el español en Estados Unidos seguía siendo una lengua de segunda categoría y en parte tiene razón si esa segunda categoría se refiere al plano doméstico e íntimo, porque si bien es cierto que en materia legal todo se ha de estructurar en lengua anglosajona, en el ámbito de la vida diaria, donde la comunidad migrante vive, goza, sufre y tiene fe, el español es de primera categoría y está más vivo que nunca. Probablemente Rivera Garza se refería al español como segunda categoría dentro de la dinámica en el campo editorial, ahí sí, el español escrito no es de segunda, sino de tercera o cuarta categoría por el hecho de que no vende igual que los títulos en inglés.
En el Southwest Chicago todo mexicoamericano sabe que el chisme siempre es en español, no se puede chismear en inglés y en este sentido se parece a la Fe en cuanto a su expresión viva dentro del ámbito doméstico. Allá, en la escena de “The Ox-Bow Incident” el mexicano reza en español antes de ser linchado y ahora, ya sea Super bowl o Coachella se canta en español. Parece ser que la lengua de Cervantes también guarda un elemento de Fe en cuanto a la unidad tácita que produce. Estamos en la segunda quincena de Abril y parece ser que los World Repairs han tomado el protagonismo y en medio de esas reparaciones, la Fe del migrante mexicano se habla, se reza, se canta, se chismea y se transforma en una instancia que lo sostiene más allá de lo evidente.
South West Chicago, 2026.
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Foto Collage por Zur.