PARA OÍR GRAZNAR AL VIENTO EN LA VENTANA
(fragmentos)

Marisol Vera Guerra*

Marisol_Vera_Guerra


Tenía veinte años y me encerré en el clóset
con una tijera pequeña
                    para cortar los miedos
nadie me salvó morí dos veces
cuando la muchacha que amaba
se fugó por el caracol de la noche
quise irme con ella
pero eran torpes mis piernas
y torpe mi voz
se abrió un relámpago en mis sienes /
sigo persiguiendo su sombra en mis sueños

*

¿El nombre es lo que somos?
¿lo que amamos nos da volumen masa permanencia?
¿Eres otra si abordas un avión hacia una ciuda
en la que nunca has despertado a las dos de la mañana
para oír graznar al viento en la ventana / donde
no te has tatuado ligeros monstruos
                                              con navajas de rasurar
              y los cuervos
              no corean el himno de tus letras en un poste?

Una ciudad en la que nadie te ha dicho
que no hables del estupro
porque después no podría tocar tu cuerpo

*

La vida hoy parece un rebaño incandescente
un murmullo de navajas −rojo despertar
                        sin inocencia−

Ayer navegué por este cielo
junto a una joven tan irreal como la primavera
                                  tan nueva como los cerezos
−desde el filo inmóvil de una estrella
sacábamos las manos de los orbes celestes−
sigue intacta su silueta entre mis dedos
como indemne la madeja de sus besos en mi boca
las mañanas (todas) en que hui
                                            de mi reflejo           el balido en mi cabeza
los días eran como un pan seco
en el asfalto
                    cocinándose al sol

¿Qué tanto he dejado de ser aquella criatura
encerrada en un clóset
esperando a que alguien le abra la puerta?

*

La muchacha que amaba volvió un día
convertida en gato
en sus ojos vi el desamparo           quise arroparla
como en los tiempos de nuestro amor
quise bailar en la cornisa un vals de Chaikovski
un electropop       daba igual
                                 perseguir cisnes o autos
sobre la nitidez del asfalto
                asida su pirueta a la mía:
pero ella huía de mis brazos
arqueaba el lomo apelambrado sin rozar
                                        el frágil vidrio de la memoria

                                       (De Afuera cantan las cicatrices de un árbol)


Nadie se acuerda de Héloïse Dubuc

Nunca quise ser esa mujer de pies fríos
agrietada entre las sábanas
que tiembla
aguardando la caricia del bisturí
aquella buena esposa
que no protagoniza ningún libro
–muerta o abandonada
en los primeros capítulos–
flaca
huraña
sin chiste
de formas simétricas
monocromáticas
abúlicas
que no lee novelas de caballería o de amor
ni siquiera revistas de Medicina
y no posee una buena renta
y
por supuesto
que no necesita comer arsénico
al llegar a casa


Del año en que murió Eusebia

En aquel tiempo
Ella me contaba sus sueños al teléfono
su mueca no se había paralizado
ni su piel –capa de cebolla–
se había desprendido de los huesos
me hablaba sobre un agujero en la tierra
peces     agua revuelta con sangre
y unos hombres
que pararían mi casa con otates
yo también tenía un esposo
que engendraba niñas y espectros
el recuerdo de un perro
vencido por un virus (ya nos enseñó Wells
que los microorganismos
son peores que los marcianos)
y no olvides la celulitis
las estrías
la leche
cierto amor extraño hacia las mutilaciones
un perineo dos veces cortado
y una parrilla descompuesta
no faltaba la vecina
que regalaba dulces en Navidad
y reclamaba mi ingratitud en enero
una mujer se aparecía en mi cama
algunas noches
con su hocico de muerta
peinando sus cabellos
como crines
frente al espejo       decía
déjame llorar cinco minutos más       el rodillo
en mi mano
la navaja abriendo la capa subcutánea
y esa dosis mínima de oxitocina
que Eros nos inyecta en la vena
lo sabes
ahora
la casa tiene más habitaciones
aunque sigue sin ser nuestra
mis células volvieron a alinearse
en un tablero inmaculado
ya no recibo llamadas
y nadie se peina bajo mi sábana

                                    (De Otras mujeres como lobas)


Pase de abordar

Mi padre me previene del coronavirus
aunque le digo
que tengo suficientes leucocitos y no he ido a China
antes de cerrar la puerta del coche
él me pone el kit salvador
a la espalda: cubrebocas
gel desinfectante una estampita
para rezarle al santo de mi devoción
no ve al verdadero enemigo
el que escanea mi entrepierna
el que ausculta mi axila recién afeitada
el que revisa si tengo un pañuelo alrededor del cuello
una píldora en la mano / muslos de antílope o guepardo
listos para escapar
y no se lo digo
luego de subir mi valija al techo del mundo
él se irá entre volutas de aire
quisiera correr a abrazarlo
como nunca corrí cuando era niña
no lo hice tampoco al cumplir diecisiete
y abordar un tren hacia el vacío
ni las tres veces
que lo cambié por otro hombre y fracasé
miro las yemas del tiempo mis uñas mordidas
lo entiendo
llevo en el bolsillo mi pase de abordar
mi navaja de explorador mi rayito de luna
voy a volver le digo
cuida entre tanto a los nenes
esta noche ellos soñarán con abejas
desde un país lejano
y papá no encenderá la televisión
no hace falta
hace mucho hemos aprendido
a dormir bajo sábanas envenenadas

                                              CDMX, febrero de 2020

(De No apto para kintsugi)


*Marisol Vera Guerra
Escritora y editora. Su obra transita entre el poema, el cuento, el ensayo, el dibujo y el performance. Premio Nacional de Poesía Alma Karla Sandoval 2025, Premio Internacional de Poesía Altino, Italia, 2020. En 2026 representará a México en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia.
diplomadoenpoesia@gmail.com