VALE MÁS EL INSTANTE QUE TUS BESOS SIN ALIENTO

Juan Coronado Vitela

amordesamor

La conocí de la misma forma que a ella, cuando subí al pico del Horno 3 en Fundidora, viendo el horizonte que da la vista hacia tan bello lugar.

Me pidió que le tomara una foto frente a la vista, posó y también sonrió y me miró y exhaló, de la misma forma que ella hacía, de la misma forma que ella me tentaba.

Y me llevó en una montaña rusa de emociones, algunos días era feliz a su lado y en otros solo podía pensar en clavar un cuchillo en mi pecho y dejar de escucharla.

La amaba y me amaba o eso yo creía, no me di cuenta de lo monótono que se había vuelto todo: los mismos besos, los mismos pleitos, el mismo sexo, el mismo momento.

Una y otra vez, día tras día, semana a semana, mes a mes, año al año, cada vez me parecía más a ella; odio la monotonía y deseaba acabar con su vida, pero cada que pensaba en hacerlo, una cuchillada llegaba a mi pecho, un dolor en el corazón, punzante y agónico.

¿Qué hago contigo? No compartimos gustos similares, tú amas el trap y yo odio todas y cada una de las composiciones musicales que salen de la boca de esos cantantes que ni siquiera valen la pena. Tu prefieres los Vapes o los cigarros mentolados, y yo odio la sensación de menta en mi boca cuando lamo tus labios.

Odio verte al lado de todas esas personas que no te entienden como yo lo hago, pero aborrezco la idea de que te quedes a mi lado, quitándome la libertad de vivir como se me dé en gana.

Cuando estamos solos y nos besamos adoro el sabor a fresa de tus labios sobrios, por lo menos al principio, antes de que una sensación de asco atraviese mi estómago con dirección a mis manos, que se mueven suavemente por tu trasero, pero con la intención de ir a tu cuello.

Y ahorcarte, matarte en el acto, que te quedes totalmente quieta y no vuelva a escuchar tu voz nunca en mi vida. Soy preso de tus besos, preso de tu cuerpo, cuando intento alejarme de ti más te mueves hacia mí, me odias y te odio. ¿Por qué no me dejas en abandono?

La otra vez te vi al lado de un tipo cualquiera, riendo fuertemente, ¿quién se cree que es para hacerte reír? Tu risa espantosa, chillona y contagiosa, nadie debería poder escucharla, yo me gané ese derecho, no se lo otorgues a nadie más.

Odio que controles quien soy, que me digas que hacer o que me digas con quien juntarme, ¿quién crees que eres para mandar sobre mi vida?

Odio, te odio, te odio, te amo, te odio, te amo. Es increíble que me hagas pensar todo esto y que no pueda decírtelo, porque no somos nada, no somos amigos, tampoco novios. No somos quedantes ni siquiera amantes.

Te imagino a mi lado todos los días, aceptando tu sentir después de las noches de sexo duro, con tu aliento oliendo a esos cigarros que odio; mi aliento a alcohol barato, para lo que me alcanzó. Entre susurros y jadeos de cansancio, realizando nuestro sentir y suicidándonos para más no sufrir.