MI MAYOR ANHELO
“Te quiero, siempre recuérdalo”.

Juan C. Vitela*

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Despierto de nuevo, con los ojos llorosos, enciendo mi celular… “4:30 am” otra vez, han pasado apenas dos horas desde que decidí dormir y volví a despertar.

Intento calmarme, pero me falta el aire, escucho un llanto leve, volteo a todos lados antes de reparar que es el mío, los segundos se vuelven pesados; mis ojos comienzan a acostumbrarse a la oscuridad que rodea mi cuarto y por un segundo mi vista se posa en la Xbox en el buró y nuevamente me vienen los recuerdos.

Ya casi van cinco años desde que te fuiste, cada día que pasa siento que olvido tu voz, pero tu cara, tus gestos, tus recuerdos, esos no lo hacen, mientras a diario siga mirando tu fotografía.

Estaba impaciente por contarte que me habían aceptado en la prepa, añoraba decirte que es lo que estudiaría… Pero no pudiste hacerlo, cuando me dijeron que pasó, no lloré, cuando ocurrió el velorio, tampoco, cuando fue el entierro, menos. Pero cuando estuve solo, me derrumbé, me derrumbé y no estabas para sostenerme.

Desde que te fuiste, pienso en ti de vez en cuando, algunas veces lloro, otras imploro y otras pido que estés, me duele demasiado pero no me gusta mostrarlo.

Nunca me pidieron ser fuerte, me mostraron que estaba bien llorar, patalear, llorar… Pero no pude, lo intenté, Dios sabe cuándo lo intenté, pero durante mucho tiempo no pude.

La depresión es un problema grave, un joven de 15 años en lo menos que debería pensar es en que se quiere matar. Alguna vez escuché que el exceso de futuro provoca depresión, y el exceso de pasado da ansiedad. Yo debo ser desafortunado por tener ambas maldiciones.

Me refugié durante mucho tiempo en los videojuegos, en la escritura, en la música, en la fotografía, en el dibujo, el arte, en todo lo que me distrajera… Alcohol, mi mayor amigo.

Humo, que me mantiene contigo.

Hierba, algo que no quiero.

Control, aquello que no tengo.

Mis pensamientos son mi peor enemigo, inmerso en mi mente es donde más me rebelo, me castigo a mí mismo, por mis errores, por mis lamentos.

Sinceramente, yo ya estaba muerto, pero no podía concretarlo, tu solo recuerdo me obligó a caminar vivo.

Poco a poco me hice de amigos, poco a poco volví a ser yo de nuevo.

Todo lo hago es pensando en ti, te has vuelto mi musa, mi Afrodita, mi María y sobre todo, mi mayor anhelo.

*Juan Coronado Vitela, Nero Artist, estudiante de periodismo en la UANL, interesado en la literatura, la psicología y el dibujo.
Correo electrónico: nero.nothere06@gmail.com