La palabra “therian” viene del griego “bestias” y es el nombre que adoptaron aquellas personas que sienten alguna conexión física, emocional o espiritual con algún animal, la cual representan adaptando ciertas características del animal a su forma física.
En algunos casos pueden considerarse como transespecie al identificarse por completo con algún animal, como lo vemos en la cuestión de género normalmente.
Podemos identificar máscaras, colas, orejas e incluso comportamientos como caminar en cuatro patas, ladrar, rascarse el estómago y, peligrosamente, hasta morder, como en el caso más reciente de una niña que fue mordida por un therian en Argentina.
Hay que entender que, como esta nueva minoría, ha habido cientos de grupos emergentes que, al presentar una propuesta diferente a la sociedad, tienden a ser discriminados, excluidos y violentados, como en su momento fue la comunidad LGBT+, los afrodescendientes o la comunidad judía, por mencionar algunos ejemplos.
Por lo cual, en este ensayo me gustaría indagar en el sentimiento de rechazo que maneja la sociedad hoy en día al ver a este nuevo grupo salir a las calles simplemente haciendo lo que a ellos les hace feliz y con lo que se identifican.
Lo que me lleva a hacer esta pregunta, sin afán de ofender y solamente reflejando un pensamiento que se hizo presente en su momento:
¿Lo que los jóvenes sienten por los therians es lo mismo que la gente mayor siente por los homosexuales?
Es aquí donde me gustaría empezar a comparar los contrastes que hay en la sociedad y analizar que siempre seguimos siendo un espejo del pasado. En la historia se han vivido guerras que comenzaron por una diferencia económica, étnica o de poder. Una que tengo presente por una cuestión ideológica es la guerra de Yugoslavia. Cuando Slobodan Milošević tomó el poder de Yugoslavia, declaró la invasión a los países musulmanes y católicos de este conglomerado de naciones, ya que Serbia, país de origen de Milošević, era cristiana ortodoxa, hablaba serbio y buscaba recuperar el gran Imperio serbio.
Este ideal fue suficiente para que los soldados serbios cobraran por muerte confirmada de niños musulmanes 50 dólares y por mujer musulmana 20 dólares.
¿Ustedes creen que solamente porque una persona profesa una religión diferente y habla un idioma diferente es suficiente argumento para asesinarlos? Y, de la misma manera, ¿quién le dio la razón a los serbios ortodoxos para pensar que están del lado correcto y tienen el derecho de imponer su “verdad”?
Este fenómeno se ha observado históricamente entre poblaciones blancas y negras en Estados Unidos y, de forma inversa, en la Sudáfrica contemporánea, donde se han documentado casos de discriminación de personas negras hacia personas blancas, especialmente en Johannesburgo después de la llegada al poder del Congreso Nacional Africano.
Se vivió en la era del franquismo en España, donde zonas como el País Vasco sufrieron una represión cultural, política y lingüística, en la que se prohibía la enseñanza del euskera y se ilegalizaron partidos como el Partido Nacionalista Vasco.
Se vivió en México en 1994, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en armas buscando la justicia y el reconocimiento de los pueblos indígenas, exigiendo sus derechos y valor político dentro de un país enfocado en el neoliberalismo, perdiendo contacto con estas comunidades.
Y repito mi pregunta: en todos estos casos tenemos una fuerza mayor sobre una minoría. ¿Quién les dio el derecho a las mayorías “oficiales” de imponer sus verdades sobre las minorías “reales” que también tienen que ser respetadas?
Es un tema complicado porque hay opiniones más válidas que otras, eso es claro, pero dentro de ellas siempre debe existir el respeto y el derecho a la libre expresión. Creo que siempre algo nuevo de lo que estamos acostumbrados viene a romper esos esquemas y parámetros de aceptación social que tenemos la mayoría de las personas.
Indagando en la pregunta que propongo al inicio, todos conocemos el estigma de la gente mayor con la comunidad LGBT+, que es: un rechazo total, una nula comprensión de sus gustos, una exclusión social desde su propia mano, ataques y violencia diversa contra ellos y una serie de preguntas que creo que ahora la sociedad se está haciendo al notar la presencia de los therians:
¿Qué les pasa? ¿Por qué hacen eso? ¿Están bien de la cabeza? O incluso comentarios como: “Han de tener algo en la cabeza, no puede ser que hagan eso, no hay que juntarnos con ellos”, y dichos de este estilo.
Es reconocible el rechazo de las sociedades actuales a los therians, pero ¿por qué los crucificamos tanto si solamente están haciendo algo diferente, como todos los grupos anteriores que cometieron el “pecado” de hacer algo nuevo en una sociedad muy cuadrada?
La postura de los jóvenes es totalmente influenciada de redes sociales, la escuela del “Cringe” y de las tendencias en lo que esta “Cool” y lo que no. El que dirán rige la vida de muchos y por lo cual seguir las líneas de lo mayoritariamente aceptado es vital.
A mi parecer hay muchos puntos de su conducta que son cuestionables, pero algo que no se les puede cuestionar es la libertad de expresión que tienen por abrazar una nueva forma de expresión y salir a las calles portando esta nueva bandera. Eso es lo que todos deberíamos respetar.
Quisiera pensar que todos los seres humanos estamos de acuerdo en que cada individuo es libre de realizar cualquier acción siempre y cuando no dañe a terceros ni viole alguna ley de conducta del Estado jurídico al que pertenezca. Bajo esta premisa, la therian que mordió a una niña en Argentina fue sancionada conforme a la ley.
Hay que cuestionarnos como colectivo y como integrantes de ese colectivo, de manera individual, las ideas que tenemos, las cuales fueron aceptadas y rigen nuestra conducta en público. Se me hace peculiar este fenómeno donde, al parecer, la gente homosexual ya tiene libertad total de darse un beso en el parque, mientras que una persona con una máscara de perro y caminando en cuatro patas está siendo agredida físicamente por alguien que no simpatiza con él, como sucedió con los homosexuales durante mucho tiempo.
¿Quién nombró a los normales? ¿Quiénes forman a los normales y quiénes a los raros? ¿Por qué los normales son aprobados y los raros excluidos? Tenemos que ser muy objetivos con este discurso porque, aun cuando algo nos parezca ajeno, hay que verlo solamente como una característica de ello, como las que nos integran individualmente.
El día que yo decido vestir con una chamarra negra es el mismo día que una persona decide colocarse una cola de zorro en el pantalón, y la toma de decisión es la misma, argumentada exactamente igual: “Es porque me gusta”, lo que hace válida cualquiera de las dos acciones, pero la mía no es castigada socialmente y la de la otra persona sí.
Yo los invito a ver las cosas de esta manera, donde pueden sonar extrañas, descabelladas, ridículas o enfermizas las conductas de miles de personas, pero hay violadores de niños, agresores de mujeres y asesinos seriales, y a ellos no los estamos exponiendo en redes sociales como se lo merecen. Hay conductas que se deben sancionar y exhibir de forma crucial, y no estamos poniéndolas en el foco.
¿Qué culpa tiene la mujer que se identifica con gato de ser centro de burlas cuando en la misma calle hay un ladrón probablemente buscando víctimas?
Reconozco puede ser muy drástico mi pensamiento, pero es verdad, creo que juzgamos con el mismo cristal toda clase de eventos lo que provoca que las grandes masacres como en Palestina no mueva a la ciudadanía como los therians en vía publica.
Deberíamos replantearnos nuestros principios y la escala que tenemos sobre lo que consideramos correcto e incorrecto como para crear un pensamiento crítico más valido y humano, insisto, deberíamos estar más preocupados por los secuestros o asesinatos que por esta nueva minoría que tarde o temprano, será aceptada e integrada en la sociedad como todas las que han emergido, como la comunidad LGTB + que hoy en día quien no la respeta es el extraño. Cosa que nunca se hubiera pensado hace 50 años.
*Samuel Palacios, originario de Tampico, Tamaulipas. Estudiante de periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Dialogo con la literatura, la filosofía temas afines.