Por lo general, el acto persé de escribir; jamás ha sido significado de dificultad al referirme en las palabras a las cosas o casualidades de mi realidad, sin embargo, en cierta forma posicionarme a mí como el tema a desmenuzar, se vuelve una tarea trabajosa de realizar, pero no me quedaré con la disyuntiva de intentarlo. Soy un aspirante, un preocupado constante sobre mis decisiones, siempre influenciadas por mí sentir, un ávido espectador de las consecuencias; usualmente apegado a mis pocos colegas aún aprendices, así como también a los docentes académicos y de la vida. Estos mismos cercanos me han sido de gran apoyo, considero que son parte importante de mi existencia, aunque tengo claro que ninguna presencia es perpetua e intento sacarle provecho al tiempo que paso con mis allegados, entre familia y amigos.
Puntualmente dentro del ámbito académico recuerdo tantos momentos que me han marcado, muchos de índole sentimental; esas despedidas al traspasar el grado académico, intentos fallidos de incursionar en lo romántico y mis inicios en la lectura, así como en los escritos como parte de mi catarsis al atravesar la etapa complicada de la adolescencia y todas sus dolencias.
Desde niño estuve ligado a ser vulnerable frente a mis sentimientos, claro que mis actitudes fueron tomando direcciones diferentes mientras crecía, por toparme con experiencias negativas en entornos escolares; desencadenando un cierto tipo de acoso por mi sobrepeso, estas situaciones tan normalizadas han dejado estragos, en forma de inseguridades en mi presente; busco trabajar en eso la mayoría del tiempo, pero sigue siendo un tema en su totalidad no explorado frente a un profesional, para llevar a cabo el seguimiento debido. Me sigue pareciendo complejo ligar y plasmar todo lo que soy en palabras, pero creo que es parte de un ejercicio para saber cuánto me conozco en realidad y esto lo practico casi diario mediante un tipo de bitácora, donde converso entre mis diferentes pensamientos e ideas sobre la cotidianeidad, pues a falta de una persona con la que pueda desahogar mis disyuntivas y reflexiones a la hora que me plazca, tomé la decisión de crearme un espacio donde pueda hasta resolver mis propios dilemas mentales.
Este ejercicio por lo general lo practico a solas y con alguna pieza musical de fondo, solo para engañar a mi cabeza y hacerme pensar que las canciones pueden captar exactamente lo que siento y cuando no lo hacen, pongo en acción mis conocimientos musicales para crear este arte auditivo que llamamos música.
Estudié música durante algún tiempo de mi formación básica, específicamente la guitarra dentro de una rondalla, donde fui dándole todo mi tiempo e interés al instrumento; es ahí donde mi incursión dentro de la música fue dando frutos, pues dentro de la rondalla llegue a tener el honor de ser vocalista para algunas asambleas y un concurso local, para mí es de mis etapas más productivas e interactivas con amigos, pues prácticamente me pude hacer algún tipo de renombre con todos en la escuela, desencadenando que mi interacción social cegara mis responsabilidades como estudiante y descuide de cierta manera mis calificaciones; mis padres al percatarse de esta situación, tomaron la decisión de hablar conmigo y negarme por un tiempo seguir tocando la guitarra con el fin de darle toda mi atención a mis estudios, lo cual considero que fue necesario para mi perspectiva posteriormente en cuanto a mis responsabilidades.
Quizá en esos momentos no era consciente de que ese escarmiento no sería más que una preparación para lo que sería el ciclo más complejo sentimental y mentalmente hablando, ya que durante este periodo donde me enfoqué a mejorar mis resultados, resulta ser que surge el primer acercamiento con un distanciamiento social severo. La tan mencionada etapa de contingencia mundial, personalmente se volvió como un alivio momentáneo y de incertidumbre, pues no sabía que pasaría más de dos años completamente contenido en cuatro paredes y dependiente de los dispositivos electrónicos.
Culminé la secundaria y emprendí la búsqueda de un nuevo plantel, aún no presencial, y después de haber seleccionado mis posibles planteles educativos realicé mi examen de admisión. Por la calificación bastante promedio, no alcancé el puntaje requerido para mis primeras opciones cercanas y tuve que conformarme con la opción que más es más lejana a mi residencia, aunque los primeros meses aún a distancia, ya posteriormente fue obligatorio el asistir a la preparatoria, presentando un nuevo dilema: el transporte.
Este fenómeno de la lejanía es un tema bastante recurrente en mi vida, la mayor parte de mis amigos, escuelas y entretenimientos son en apariencia demasiado lejanos para mí desde donde resido, sinembargo este ha sido un factor importante en mi desarrollo como un joven que tiene la capacidad de aprender a transportarse por la ciudad.
Mientras incursionaba en nuevos medios de transporte y seguía mi rutina de estudios, ahora presenciales, se me presentaron algunos dilemas más que nada sentimentales, que en el momento por la inexperiencia no supe cómo manejar y comencé a dejarme llevar por los pensamientos demasiado nihilistas, siempre buscando el porqué de las cosas que realizaba sin importar su relevancia; fue de mis momentos donde más me sentía disperso dentro de mi cabeza, mi descenso anímico y mental.
Me refugié en las palabras, en los libros y caminatas, siempre con algo qué pensar y escribiendo de regreso a mi hogar; a veces solo me sentía bien escuchando música, sin darme cuenta estaba cayendo a un gran hoyo de autocompasión, que un día terminó por hartarme y mientras caminaba de regreso a casa, me tuve que detener para intentar tranquilizarme. Los pensamientos no estaban siendo nada benéficos, hasta que en un momento de conciencia pude tranquilizarme, desahogué lo afligido que estaba ahí, al borde de una calle en la que autos pasaban a gran velocidad. Concibo este momento como el pináculo de mi existencia y mi forma de ver la vida, pues después de eso comencé a rehacer mis pensamientos, y claro que posteriormente hubo muchos momentos en los que me vencía la incertidumbre y la tristeza, pero ya no tenía la oportunidad de echar todo por la borda.
Después de casi año y medio logro completar mi educación superior, la cual aún la tengo como una experiencia en la que aprendí muchas cosas y sentí hasta de más, con altas y muy bajas, pero me permití proseguir. Posteriormente al proceso de culminación de estudios, tomé la decisión de brindarme un tiempo para poder elegir mi licenciatura y con eso, a lo qué me iba a dedicar, lo cual no tenía tan claro, pero después de la investigación correspondiente me percaté y fui descubriendo mi aprecio por la comunicación, pero no el estar delante de una cámara difundiendo, sino, la “Cara B” de la comunicación, lo que está detrás de una producción televisiva, música, una publicación literaria, entre otras cosas; y así fue que tomé la decisión de adentrarme a la licenciatura en comunicación, realicé el examen y posteriormente me llegó la noticia de que efectivamente me habían aceptado, cosa que verdaderamente me emocionó; el tener un camino claro por donde quiero llevar mi vida y todo este camino, entre conocer personas, conocerme a mí mismo, me hace darme cuenta de que aún quedan muchas cosas por vivir y resolver, nunca dejamos de aprender de todo.
Hoy soy más consciente de que somos un cúmulo de muchas cosas; entre pensamientos, casualidades, ajenos, historias, amigos, infortunios y familia, me quedo satisfecho sabiendo que aún y con adversidades delante y detrás de mí he podido sobrellevar la vida en general, tengo muy claro que no soy el único con luchas internas, sin embargo, en cada uno está el lidiar y salir victoriosos de esas pruebas que mañana serán experiencia para tener una vida en paz. Cosa que aún sigo buscando, buscándome a mí, para encontrar lo que me corresponde.
Me parece correcto ser lo suficientemente autocrítico para declarar que siempre estamos en constante movimiento, dicen que el camino al éxito no es lineal y todos tenemos sendero por recorrer para alcanzar lo que queremos, lo que nos hace felices. Por mi parte, sigo siendo un lector mortificado, sin afán de mortificar, siempre buscando algo de que conversar y filosofar.
*Angel Rangel. Su mirada oscila entre la fotografías y la música. Estudia la carrera de comunicación.
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