LA DISTANCIA

Samuel Palacios

distancias

En el momento en el que te digo hola, estoy destinado a decirte adiós.

Todas las personas a las que quiero, me las aparta la distancia. La distancia es el por qué no estoy con esas personas, pero ¿qué haría si no hubiera distancia?

Es triste pensar que todo aquello que me alegra está lejos de mí, como la playa, la comida de mi casa, los museos que me gustan. No vivo en las ciudades que más me han encantado y, entre todo aquello tangible que disfruto, también hay que considerar a las personas, todas aquellas personas responsables de sumarle un gran valor a mi vida, no están cerca mío.

Yo creo que la distancia es algo similar al tiempo, haciendo referencia a “Lo que hace que las cosas cuenten, es que tengan un final”. Lo que hace que disfrutemos el ahora y el espacio donde estamos es que eso está destinado a cambiar.

“En el momento en el que te digo hola, estoy destinado a decirte adiós”.

Muchas de las personas que han sumado valor a mi vida, haciendo que esta valga y compartiendo grandes momentos, no están conmigo ahora, cerca. Es cuestionable este razonamiento porque ahora tengo amigos a la distancia y el día de mañana, que ya no me encuentre aquí, los que ahora me hacen reír serán los que extrañaré recordando con simpatía, pero esto es algo que uno tiene que aceptar: un estilo de vida de cambios. El siempre estar en movimiento lleva contigo muchas despedidas.

En el momento donde uno conoce a alguien nuevo, tiene que tener en su cabeza la idea de que su convivencia está medida, reglamentada en cierta cantidad de tiempo que desconocemos, pero que incita a que disfrutes atemporalmente esa conexión que uno va formando. Es triste pensarlo, pero es familiar al consejo de Heidegger en aquella pregunta que le hizo un universitario: ¿Algún consejo para los jóvenes? – Hay que ir más veces al cementerio.

Esto no lo contestó como algo pesimista, al contrario, al ir a los cementerios nos damos cuenta de que tenemos un punto final en nuestra vida, lo que nos debe alentar a vivir y no solo existir día tras día.

La tragedia viene cuando estas personas que marcan nuestra vida, nos crean recuerdos insuperables y va más allá que solo diversión, son la gente que te entiende, que te apoya, que te ama.

A la distancia tengo a mis padres, que se desviven para hacerme vivir a mí, dan todo de ellos para que no me falte nada y la distancia solo confirma el gran amor, pero el precio es alto, los veo poco. Es parte de crecer y de madurar al entender que la individualidad es un proceso de desarrollo personal.

Mis amigos más cercanos, solo hablo con ellos por mensaje, están repartidos en varios lugares, unos en Tampico, otro en Veracruz. Haciendo uso del pasaporte me tengo que dirigir a Colombia y a España, gente que la distancia me arrebató. Compartimos espacio para después ser aquel amigo que puedo contactar por un teléfono y no yendo a su puerta a esperar a que saliera. En algún momento eran ellos los primeros que saludaba al llegar a la escuela, con los que me ponía los tachos al entrenar, el que ya estaba despierto haciendo café cuando salía de mi cuarto, el que llegaba a mi departamento solo para platicar, con el que me juntaba a ver los partidos de la Champions y miles de momentos icónicos más.

Hay otra clase de personas que la distancia me presentó, pero sigue siendo ella la que no me deja profundizar. Tengo una visita pendiente a Guadalajara, soy afortunado que, del País Vasco, repitiendo este año igual, seré guía de turistas. Chihuahua capital me espera cada fin de semana, estoy atento a recibir a una persona de Utah si lo necesita. Brasil suena lejano, pero en realidad está más cerca de lo que uno piensa, como en su momento fue Alemania, que el tiempo hizo que la distancia fuera nula. Pero en algunos casos el tiempo no es lo que resuelve todo.

La distancia puede ser muy dura, pero es uno de los motivos por lo cual es el regalo más grande que la vida nos dio, que es crear lazos con los demás humanos, dictamina lo que va a suceder. La distancia me ha quitado gente muy valiosa para mí, al igual que ha sido el motor más grande para erradicarla. La distancia es a veces más un reto que te motiva a vencer que un miedo que abruma. En mi caso es como si me estuviera cuestionando si puedo lograrlo, lo cual me despierta las ganas de lograrlo. En otros casos es el miedo que rebasa el esfuerzo, cegando las respuestas y perjudicando las relaciones.

Es curioso cómo funciona esto del espacio, ya que el lugar donde conocí a estas personas no es el mismo donde están ahora, ni donde estarán. Esto hace que ellos conozcan a nuevas personas de igual manera que yo. Estamos en un desplazamiento constante que nos lleva a todos lados dejando en cada lugar algo de nosotros. Somos fotografías, ya que la persona que estuvo en ese lugar ya no es la persona que está hoy en día en otro, ni será el día de mañana la que vaya a un nuevo destino.

Una coincidencia universal bastante linda: el poder coincidir.

Gracias a que alguien dejó el Estado de México conocí a quien nunca me ha dejado abajo, gracias a que alguien dejó Puebla conocí a quien estuvo el día de mi operación en el hospital, gracias a que alguien dejó Honduras conocí a quien me enseñara a dar sin esperar nada a cambio, gracias a que alguien dejó Colombia conocí a quien me mostrara cómo es vivir con un hermano, gracias a que yo dejé Tampico e incluso México he conocido solamente gente que ha pintado mi vida. Y como ellos, podría seguir con decenas.

Las personas que más amo y he amado me las aleja la distancia.

Pero todo aquello solo es una señal de que me importa, que me es relevante, es real. No puedo esconder que lo mejor que he vivido es gracias a irme, a moverme, me encantaría quedarme, pero el agua que se estanca se echa a perder.

En el momento cuando deje lo que tengo ahora, lo extrañaré, lo sé, por eso ahora lo tengo que disfrutar. Cuando el día de mañana tenga algo nuevo en mi vida, tendré que aceptar que se irá aunque no lo quiera, para valorarlo como se lo merece. Si es que se va, lo tenía previsto y lo desquité, y si nunca se va, seguiré disfrutándolo como si fuera a pasar hasta que el destino marque el fin natural.

No podemos ir en contra de lo determinado, los días cumplen su ciclo, los intercambios escolares se acaban y las relaciones humanas tienen un final, a veces la muerte y a veces la ruptura. La distancia juega un papel tan crucial como el tiempo en nuestra existencia. En el justo momento donde yo estoy escribiendo esto, estoy ocupando un espacio y lo más natural es que el día de mañana ocupe un espacio diferente.

Si conoces a una persona en la ciudad donde naciste, hay que entender que hay probabilidades de que el día de mañana siga ahí o en el otro lado del mundo. En mi caso yo fui el amigo que se fue al otro lado del mundo en algún momento de mi vida. Hubo un momento donde sin saberlo tuve la última reunión con algún amigo, sin saber que sería la última o, de igual manera, muy en el fondo, sabiendo que era la última.

¿Qué haría si no existiera la distancia? No valoraríamos a la persona simplemente con la idea de que siempre estará ahí. En un libro de Borges donde indaga sobre la vida eterna, nos presenta a una aldea donde los duendes han vivido todo lo ya transcurrido y lo seguirán haciendo porque son eternos, lo que los lleva a no desarrollar nada en el ahora, porque ellos sí lo pueden hacer después. Es nuestro caso que nuestra vida es finita, tenemos que hacerlo ahora o nunca.

Si la distancia no existiera, si eso nunca nos fuera a separar, los abrazos serían más vacíos, los besos fueran insignificantes, las despedidas no existirían y las risas no se grabarían en nuestra memoria. Si mi mejor amigo siempre hubiera y viviría en el futuro a mi lado, lo más seguro es que no sería mi mejor amigo, porque él ha estado aun a la distancia, lo que fortalece el lazo.

Un abrazo después de tanto tiempo solo reafirma que la distancia es una prueba de resistencia, es un grito potente a que las cosas valen la pena y hay que valorarlas porque después es demasiado tarde.

Con todo esto quiero dar a entender que no hay que caer en la nostalgia como un freno dependiente de lo que pensamos al recordar toda esa gente que en este momento ya no está con nosotros físicamente, hay que darnos cuenta de lo privilegiados que somos en conocernos, hacer amigos de todas partes, diferentes culturas e idiomas, pero con algo en común: todos estamos viviendo.

De lo mejor que nos puede pasar es el poder compartir, el crear recuerdos y aprender de los demás. La vida nos pone en diferentes lugares, pero siempre las personas son las que lo llenan. Las centrales de trenes no transportan vagones en sí, transportan gente. Los aviones no están hechos para llevar el avión a otro lugar, es para que la gente llegue a ese lugar. Todo se encuentra en que la distancia nos separa, pero nos mantiene en contacto, es una fuerza necesaria para la vida.

Quiero extender un abrazo a todas aquellas personas que les aprecio y no puedo decírselo de frente, todos aquellos que por una llamada o un mensaje nos decimos “Te quiero”, en verdad lo digo con el corazón. Los quiero profundamente y gracias por estar aún a la distancia, incluso a las personas que no leerán esto, gracias por haber estado o estar de una manera diferente, la distancia solo es un obstáculo, no un alto, es algo que se supera. Pienso en ustedes todos los días, reacciono como quien voltea a ver una cicatriz y sonríe, como quien recuerda un momento y se le olvida un problema, como el niño que se cae y se levanta para seguir jugando.

Besos y abrazos a la distancia, que solo es física porque están más cerca de mí de lo que imaginan.