La fotografía es un plasmado del alma y del artista mismo: una imagen donde la técnica y la pasión se funden en un solo cuerpo. Es la posibilidad de referenciarlo todo, desde la vida y el nacimiento hasta la muerte de un ser vivo; un espacio donde muertos y vivos pueden convivir durante años, incluso décadas. Eso… eso es lo que significa la fotografía para mí.
Me llamo Nicolás Salcedo, me considero un fotógrafo urbano y contemporáneo, a pesar de no contar con una licenciatura en fotografía. Pero no estamos aquí para hablar de mí, sino de la fotografía misma.
¿Qué es la fotografía?
Según la Real Academia Española, la fotografía es un procedimiento o técnica que permite obtener imágenes fijas de la realidad mediante la acción de la luz sobre una superficie sensible o sobre un sensor. Una definición correcta y precisa… pero insuficiente. Demasiado simple para algo tan profundo. La fotografía va más allá de lo técnico, incluso más allá de lo espiritual: nace de lo que llevamos dentro, muy adentro, en el núcleo mismo del alma.
Por eso elegí la imagen anclada en la parte superior: porque condensa divinidad y espiritualidad en un solo encuadre. Un santuario sacro, un espacio al que los vivos y los mortales acuden a pedir, a confesar o a rogar. La oscuridad envuelve la escena y transmite tranquilidad; la luz que atraviesa los ventanales se transforma en iluminación divina, en alegría, en paz.
Los sujetos de la imagen son dos mujeres ubicadas en el centro del encuadre. Aquel día acudieron a pedirle a la Virgen de Guadalupe la sanación de su hija, quien padecía una enfermedad fuerte y severa. Escuché su historia mientras me acercaba al altar, mientras observaba —y me dejaba extasiar— por los colores de los ventanales. Fue un momento hermoso y triste a la vez.
En los instantes de angustia extrema y desesperación absoluta, el ser humano recurre a su último refugio: la fe. Una fe ciega, sí, pero también profundamente hermosa. Una fe donde lo sobrenatural se convierte en la única esperanza. A veces lo divino parece poco creíble; a veces los milagros parecen imposibles… pero, de vez en cuando, ocurren.
Y ahí es donde la fotografía permanece: como testigo silencioso de aquello que no siempre puede explicarse, pero que siempre puede sentirse a través de una imagen. Todos pueden tomar una fotografía; cualquiera puede llamarse fotógrafo. Sin embargo, pocos son capaces de transmitir emociones a través de ella. Por eso la fotografía es una extensión del alma, del iris de nuestros ojos: un medio para recordar, para sentir y para enamorarse del pasado y de uno mismo.
La fotografía no se limita únicamente a la imagen fija; también puede manifestarse como un lenguaje cinematográfico. Directores como Martin Scorsese y Gabriel Figueroa lo entendieron y lo llevaron más allá. Este último, figura clave de la época dorada del cine mexicano, sostuvo visualmente toda una generación de historias. Conocido como el maestro de las sombras, Figueroa transformó la luz y la oscuridad en herramientas narrativas, utilizando la naturalidad de las sombras en el set para dotar a cada escena de identidad, emoción y profundidad.
*Nicolás Salcedo García. Tiene 19 años. Vive en Santa Catarina. Estudiante universitario.
salcedonicolas29@gmail.com