Me recuerdo dibujando, mezclando colores y creando formas. Siempre con mis colores, borrador y sacapuntas cerca, observando el cielo, las copas de los arboles y el atardecer.
Crecí creando con mis manos, cualquier cosa funcionada como herramienta especializada: cartón, tijeras, papel. Pasaba mis tardes en un mundo de creatividad y juego. Desarrolle una relación profunda e íntima con la imaginación, el dibujo y la creación, ahí era donde me sentía una niña plena.
Observaba la ciudad, las casas, los parques, el cielo, los espacios. Pero, sobre todo, lo que más recuerdo es la sensación de estar en cualquier lugar, exterior o interior, espacios grandes, con techos altos e imponentes, los ventanales con vistas a la naturaleza, los muros fríos, la sensación de la luz cálida del sol en mi piel. Cuando eres niño todo se asemeja a una oportunidad de explorar y descubrir. Quizás por eso el tiempo, entonces, se sentía mas lento.
Nunca supe exactamente con claridad por que elegí la carrera de Arquitectura. No fue una epifanía, fue más bien una costumbre: dibujar para entender el mundo, como lo hacía en mi infancia, como si el lápiz fuera una extensión natural de mi mano. De ahí surgió la idea, casi imperceptible. La mantuve firme hasta el día del examen de ingreso a la UANL, sin miedo alguno, lista, preparada y decidida, podría decirles que es una de las decisiones con mas seguridad que he tomado en mi vida. Y aquí entre nos, les confieso que nunca tuve una opción B, como si el hecho de tener opciones no me fuera posible.
He sentido un apego profundo por el arte, pero la universidad me llevó por otros caminos. Contrario a lo que mi familia esperaba de mí, me incliné hacía la administración, los números la lógica y la matemática. Poco a poco, conforme iba avanzando la carrera, me fui alejando del diseño y del interiorismo, como si necesitara construir otro tipo de estructuras: Presupuestos, procesos y orden. también eso es arquitectura, aunque no siempre lo parezca.
Dentro de la administración encontré una satisfacción casi instantánea, como si el orden me permitiera predecir el futuro.
Dicen que somos los arquitectos de nuestro propio destino, y esto creo que es completamente cierto, cabe mencionar que la perfección es imposible, la búsqueda de lo perfecto es un camino de nunca acabar, recurrir a la planeación y el orden, al menos a mí, me brinda una sensación de seguridad, aun así, por más perfecto que parezca nuestro plan, por más organizado, administrado y calendarizado posible, el orden no siempre resulta triunfante frente al futuro. Tomamos decisiones confiados, pero, así como los puentes se caen, los edificios colapsan y las ciudades se saturan por la sobrepoblación y el crecimiento desmedido. Lo que alguna vez fue pensado, diseñado y construid con cuidado, termina, muchas veces, en una reconstrucción total.
Tal vez a pesar de la incertidumbre del futuro, esa sensación de estar bien fundamentado es en el fondo lo que me produce placer.
Fue en séptimo semestre donde llevé una materia relacionada al diseño urbano. La maestra nos pidió escribir un texto sobre la ciudad. No dibujarla, no planearla: escribirla. Ahí ocurrió algo, una especie de gozo silencioso. descubrí que disfrutaba escribir, y así fue como mi amor por la escritura nació desde la arquitectura. Empecé escribiendo sobre ciudades, entornos, espacios interiores, y claro, las emociones y sensaciones que surgían de habitarlos.
En el 2017 conocí a mi estimado amigo y maestro Margarito y desde entonces no he dejado de escribir. Encontré una manera de expresarme en pocas palabras, escribo microrrelatos: textos breves que buscan profundizar en la simplicidad de la vida. Me interesa lo mínimo, lo cotidiano, los sucesos no extraordinarios, aquello que pasa desapercibido. Aho encuentro una profundidad que no siempre cabe en textos largos.
Mi inspiración nació de hechos reales, usando los nombres de mi familia y amigos para mis personajes, construyendo escenarios imaginarios, mezclando realidad y ficción. La mayoría de los microrrelatos parten de una experiencia propia, algunos más íntimos que otros, es una forma de contarme un cuento sobre mi propia vida, algunos completamente provenientes de mi imaginación. Tiempo después de graduarme de Arquitectura, me inscribí en la maestría de Administración de Proyectos, donde me alejé forzosamente de la escritura; el tiempo parecía no alcanzar, como si tuviera que elegir entre escribir y vivir, y a parte de esto, al mismo tiempo desarrollaba mi vida laboral.
Hoy en día trabajo en una desarrolladora constructora de naves industriales, como ejecutiva de ventas. Mi día a día está lleno de números, negociaciones, metros cuadrados y proyecciones. Encontrar un espacio para escribir se ha vuelto más complicado, pero aun así nunca le he soltado la mano. La escritura sigue ahí, acompañándome, aunque a veces sea en fragmentos o en notas mentales. Así se ha forjado mi vida: entre números y palabras. Entre lo práctico y lo sensible. Encuentro una dicha profunda en decir mucho con poco, en expresar profundidad en apenas unas cuantas oraciones, es por eso que me quedé en la escritura breve.
Tengo un manuscrito de microrrelatos que se ha ido formando conmigo en este mundo de literatura, amigos y talleres.
De la mano de Margarito he aprendido a expresarme y redactar mejor mis escritos, que son sobre fantasía, sobre la vida, y lo que ocurre cuando aparentemente no ocurre nada.
Creo que cuando te apasiona el arte, tu propio camino descubre la manera de encontrarla, en la fotografía, en la literatura, en la pintura o en la música.
En mi caso, vivo el arte a través de la escritura, como una forma de habitar el mundo, de construir sentido, de seguir dibujando, aunque ahora lo haga con palabras. Sé que nunca voy a dejar de escribir. Deseo a través de mis microrrelatos transmitir la profundidad que habita en la simpleza de la vida.
Espero, a lo largo de mi vida, poder publicar el libro con el que he crecido y con el que he compartido este maravilloso mundo de la literatura. No sé quién escribe a quién; a veces siento que el libro me escribe a mí. Y, tal vez con suerte, publicar más, mientras exista alguien que disfrute leer aquello que, con mucha humildad, siento que vale la pena escribir.
*Estudió arquitectura en la UANL. Escribe relatos cortos. Ha sido integrante de los talleres literarios de Margarito Cuéllar. Instagram: sofi.acgi